Desde Doha, conversamos con el Coordinador del Departamento de Sociología de Aspire Academy, la academia que tiene a su cargo el desarrollo de las selecciones juveniles del país. En este artículo, el profesional chileno analiza la realidad de ambas sociedades, los métodos de trabajo y asegura que Qatar “es un país muy futbolizado, el mundial va a ser una fiesta, se va a vibrar un montón”.
¿Cómo llegaste al mundo del fútbol?
Cuando estaba terminando de estudiar sociología tenía curiosidad por entender lo que ocurría dentro del campo de juego. Yo sabía que había muchos estudios y que se había formado una escuela con lo que pasa fuera de él: con las barras bravas, temas de género, etc. Pero mi inquietud iba un poco más con lo que estaba pasando dentro, con los entrenadores y con los jugadores. Pude hacer uno de los ramos finales con la Sub-15 de Magallanes, esa fue mi primera aproximación, y luego hice mi tesis y mi práctica en la “U”. Coincidí con Edorta Murua y Jonatan Cabanelas y me quedé trabajando.
Durante todo ese camino con ellos me fui acercando a lo que es un proyecto deportivo, a una metodología a nivel más total que es la que desarrolla Edorta, que tiene que ver con una filosofía, con una forma de entender al jugador, su proceso individual. En principio eso quizás distaba un poco de la sociología más tradicional, como en la lógica de fortalecer los colectivos, eso aquí se invertía un poco: cómo hacíamos para no perder de vista los desarrollos individuales en un contexto colectivo.
Ellos se van a Qatar y al año me llaman para que me vaya con ellos.
¿Qué trabajo estás haciendo en Aspire?
Hoy, mi trabajo como sociólogo en Aspire tiene tres líneas, tres tipos de relaciones que yo entiendo tiene el jugador: la primera tiene que ver con su entorno, con su familia, su grupo de amigos, con la vida fuera de Aspire, pero con foco en cómo el jugador trae eso a los entrenamientos y al campo de juego; segundo, la relación del jugador con sus compañeros de equipo, cuáles son los grupos dentro del plantel, las legitimidades, y cómo eso influye en el desarrollo del equipo; y tercero, la relación del jugador con el entrenador, qué tipo de relación buscamos en este proyecto.
Lo que marca el quiebre es que yo trabajo directamente para el Director Deportivo, para Edorta, no como en otras estructuras deportivas donde yo tendría que reportarle al entrenador o en base a sus demandas. Por supuesto que se considera al entrenador y sus puntos de vista, pero el informe va al Director Deportivo y al Jefe del Departamento de Fútbol.
¿Qué diferencias ves entre lo que se hace en Qatar y tu experiencia en Chile? Tanto en infraestructura, gestión, recursos, alcance, etc.
No me gustaría comparar porque tampoco tuve una experiencia a nivel total en el fútbol chileno, sólo estuve en el fútbol formativo de la “U” y quizás hay cosas que desconozco o ignoro. Lo que sí te puedo decir es lo que yo he visto aquí y me ha llamado la atención. Lo primero es que el proyecto de Aspire es una política pública, un proyecto país, donde están todas las instituciones que componen el mundo del fútbol alineadas en torno al proyecto. Saben que esto le va a dar beneficios al país en cuanto al alto rendimiento, pero también en cuanto a la cultura deportiva de todos sus ciudadanos.
Eso me parece vital en cualquier país que quiera desarrollar un proyecto de selecciones.
Con el tema de los recursos pasa algo interesante. Al haber muchos recursos obviamente te evita un montón de problemas, porque tienes de todo, no pierdes tiempo en buscar las cosas que necesitas porque ya están. Pero muchos recursos también implican una gran gestión, tienes un montón de profesionales de todos los niveles, de todas partes del mundo y de todas las disciplinas y eso también hay que gestionarlo, saber relacionarte con cada uno para que puedan dar su máximo potencial. Ese es un desafío, coordinar a esa cantidad de profesionales.
Esa coordinación tiene que ver más con la idea de lo que es un proyecto deportivo, más que tener o no los recursos. Tú puedes tener los recursos, pero al final del día te enfrentarías a las mismas problemáticas, la clave es el proyecto deportivo a nivel país y el que desarrollamos nosotros en la academia. Si todo el mundo tiene eso claro, es mucho más fácil y eficiente hacer esa gestión.
La infraestructura y los espacios deportivos para entrenar, para el staff, es todo de primer nivel. En Aspire está la parte fútbol, pero también tienen un colegio y una residencia, donde pueden dormir. Me toca juntarme y coordinar con los profesores y la gente del colegio para tener que los jugadores puedan responder a los desafíos académicos y deportivos.
¿Cuánto sientes que influye el entorno socio-familiares el desarrollo de los jugadores?
El primer concepto acá es el alto rendimiento. El alto rendimiento es el trabajo constante sobre ti mismo, para ir corriendo todos los días los límites de lo posible en tu práctica deportiva. Muchas veces el jugador cree que tiene un límite, que llega hasta acá, pero estamos constantemente trabajando sobre eso, sobre la expansión del jugador. Para eso, para llegar a su máxima versión, a nuestro entender es fundamental la exposición. Nosotros estamos constantemente poniéndolos en escenarios de incomodidad en los entrenamientos y en la explicación de los ejercicios, estamos siempre llevándolos a esas dificultades porque entendemos que en ese proceso el jugador va a mejorar.
Ese alto rendimiento y esa exposición están llevando al jugador al límite de sus posibilidades. Y eso al chico obviamente le demanda una carga, hay una exposición tan alta que necesita tener una red de apoyo muy importante, que en ciertos momentos sepa capaz de contener la exposición que está viviendo en su desarrollo deportivo. Ahí entra el entorno familiar y social, y nosotros necesitamos conocerlo y comprenderlo porque es un espacio donde ya no entramos, pero tenemos que saber que cuenta con esos entornos para contenerlo y acompañarlo.
Muchas veces la familia también quiere ser entrenador, y se confunden los roles, en vez de ser padres, quieren ser entrenadores. Hay muchas anécdotas de chicos que vienen y dicen “mi padre dice que yo debo jugar acá”, entonces hay que explicarles el rol de cada uno y que probablemente a su papá no le gustaría que el entrenador tome su rol.
El caso chileno es complejo porque la sociedad chilena es compleja. Uno puede ver en el juego o en el entrenamiento ciertos componentes de la sociedad chilena. Podríamos decir que hay distintos perfiles familiares o sociales, y efectivamente había un perfil que tenía una presión gigantesca de la familia, a los 13 o 14 años se convierten en adultos y entienden que esa carrera deportiva quizás es la única alternativa a tener una vida distinta. Esa lógica que creo es en general la del fútbol sudamericano y tiene una presión gigante sobre el jugador, porque la práctica deportiva también tiene que contemplar el error, la equivocación, y tus puntos ciegos, para poder trabajarlos. Pero si tienes una presión tan grande de tu entorno, quizás no vas a querer asumir y trabajar esos puntos débiles.
El fútbol formativo es de los pocos espacios donde la sociedad chilena puede converger en su totalidad, hay hijos de grandes empresarios, de la clase media, de la marginalidad en todas sus expresiones, y convergen 40 chicos de distintas partes. Yo lo vi y es una experiencia que rescato mucho, vi con mis propios ojos que se articulaba un tejido social donde eso funcionaba. Yo no sé qué otros espacios así hay en la sociedad chilena.
¿Esa presión no la viven en Aspire?
Sí, sí, hay presiones. No creo que el fútbol en el mundo sea tan distinto, pero son sociedades distintas, donde los chicos tienen más posibilidades después de terminar su formación deportiva, incluyendo ser deportista profesional. Aquí nosotros somos una Selección, entonces también hay una aspiración por defender a tu país, por sentir ese orgullo. Ahora, tener muchas posibilidades también es una presión o un desafío, el de tomar la decisión correcta.
¿Cómo es el cruce de Aspire con la Federación?
En rigor son dos instituciones distintas. Está la QFA, que es la Federación, y está Aspire, que somos nosotros. Nosotros captamos a los mejores jugadores de todos los clubes y entrenan con nosotros de domingo a jueves y luego vuelven a sus clubes a competir. Esa es la academia, donde nosotros además manejamos la Sub-17, la Sub-20 y la Sub-23. Si bien en rigor la academia se acaba a los 20 años, en la Sub-23 seguimos trabajando con la misma metodología. Cuando compiten las selecciones juveniles representan a la QFA pero en rigor son nuestros jugadores y nuestro staff. La selección adulta lo ve totalmente la federación.
Los clubes ceden los jugadores porque saben que en Aspire los hacemos mejores, no hay ningún problema, está todo pactado. Imagínate una selección donde los jugadores están todo el día con la selección. No sé si habrá otro proyecto en el mundo así, no son mini ciclos, es como si nosotros fuéramos su club.
Te tocó presentar en una edición del “Aspire Fellows” ¿Nos puedes contar un poco?
Sí, es un evento que organiza nuestro Departamento de Performance, han hecho una comunidad de distintos equipos en el mundo y una vez al año se hace un seminario. A mí me invitaron a exponer en Holanda, en el estadio del Ajax, fue una experiencia impresionante. Más encima me tocó exponer justo después de una charla magistral de Marcelo Bielsa, y yo pensaba quién va a querer escuchar a un sociólogo ahora, jaja.
Comentarios recientes